Vivimos a un ritmo que muchas veces no nos permite disfrutar de lo que estamos viviendo. Hacer una pausa, reconectar con el presente y prestar atención a nuestro bienestar puede ayudarnos a encontrar un mayor equilibrio en el día a día.
El slow living es una forma de entender la vida que propone desacelerar el ritmo cotidiano para prestar más atención a lo que hacemos, disfrutar el presente y darle mayor espacio al bienestar. No significa dejar de tener metas, trabajar menos o vivir sin responsabilidades; significa aprender a distinguir qué merece nuestra atención y qué podemos hacer con más calma.
En un día común podemos pasar de una actividad a otra casi sin darnos cuenta: despertar y revisar el celular, trabajar mientras contestamos mensajes, comer rápidamente, pensar en lo que sigue antes de terminar lo que estamos haciendo y llegar a la noche con la sensación de que el día pasó demasiado rápido.
La prisa constante puede convertirse en una forma de vivir. Y aunque no siempre podamos cambiar nuestras obligaciones, sí podemos empezar a cambiar la manera en que las vivimos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el estrés es una respuesta natural ante situaciones difíciles, pero cuando se vuelve excesivo puede afectar tanto al cuerpo como a la mente. Para cuidar nuestro bienestar, recomienda acciones como mantener rutinas, dormir lo suficiente, realizar actividad física, llevar una alimentación saludable y mantener el contacto con otras personas.
Desde esta perspectiva, el slow living puede ser una oportunidad para preguntarnos: ¿estoy viviendo al ritmo que necesito o simplemente al ritmo que me impone mi día a día?
“El autocuidado no sustituye al sistema de salud, sino que lo complementa”
— Organización Mundial de la Salud.
¿Por qué sentimos que tenemos que hacer todo rápido?
Vivimos rodeados de estímulos que nos hacen sentir que siempre hay algo pendiente. Notificaciones, correos, redes sociales, reuniones, pendientes laborales, compromisos personales y responsabilidades familiares pueden mantener nuestra atención ocupada durante casi todo el día.
La velocidad también puede asociarse con productividad. A veces creemos que mientras más cosas hagamos, mejor aprovechamos nuestro tiempo. Sin embargo, hacer muchas cosas al mismo tiempo no necesariamente significa disfrutar más nuestro día ni sentirnos mejor.
El problema no es tener una vida ocupada. Hay etapas en las que tendremos más responsabilidades, proyectos o pendientes. El reto aparece cuando la prisa se convierte en nuestro estado habitual y dejamos de reservar espacio para descansar, convivir, pensar o simplemente no hacer nada.
El slow living propone precisamente hacer una pausa para recuperar cierta intención sobre nuestro tiempo. No se trata de renunciar a nuestras metas, sino de identificar qué queremos conservar de nuestro ritmo actual y qué podríamos hacer de otra manera.
También implica reconocer que el bienestar no depende únicamente de grandes cambios. Dormir adecuadamente, comer con calma, caminar, conversar con alguien, dedicar unos minutos a una actividad que disfrutamos o alejarnos por un momento de las pantallas pueden formar parte de una rutina de autocuidado.
La OMS considera que el autocuidado incluye prácticas, hábitos y decisiones relacionadas con el estilo de vida que pueden contribuir a la salud y el bienestar.
En otras palabras, cuidarnos también está en la manera en que vivimos nuestros días.
¿Cómo puedes incorporar el slow living a tu vida?
- Empieza por hacer una cosa a la vez.
Cuando sea posible, evita llenar cada momento con varias tareas. Comer mientras respondes mensajes o trabajar mientras revisas constantemente las notificaciones puede mantener tu atención dividida e impedir que estés realmente presente en lo que haces.
- Haz pausas durante el día.
Una pausa no tiene que durar una hora. Puede ser levantarte de tu lugar de trabajo, caminar unos minutos, respirar profundamente o simplemente alejarte de una pantalla. El objetivo es darle a tu mente un momento para cambiar de ritmo.
- Recupera actividades que disfrutas.
Leer, cocinar, escuchar música, salir a caminar, cuidar plantas, hacer ejercicio o pasar tiempo con las personas que quieres pueden convertirse en espacios para estar presente y no en pendientes adicionales.
- Pon límites a la tecnología.
No todo necesita una respuesta inmediata. Establecer momentos sin notificaciones, evitar revisar el celular constantemente o reducir el uso de pantallas antes de dormir puede ayudarte a crear espacios de desconexión.
- Aprende a decir “no”.
Parte de vivir con mayor intención también consiste en reconocer nuestros límites. No aceptar todos los compromisos, actividades o solicitudes puede ayudarte a reservar tiempo para aquello que consideras importante.
- Deja espacio para no hacer nada.
En una cultura que suele asociar el tiempo libre con falta de productividad, descansar puede parecer difícil. Sin embargo, no todos los momentos necesitan tener un objetivo. A veces, detenerse también es una forma de cuidarse.
El objetivo no es convertir cada día en un momento de calma absoluta. Se trata de encontrar un ritmo que puedas sostener y en el que también exista espacio para ti.
Vivir con bienestar también implica hacer espacio para disfrutar el presente, sin vivir siempre con prisa
¿Cómo hacer del bienestar una forma de vida?
El slow living puede ser una puerta de entrada a una conversación más amplia: ¿qué significa realmente vivir bien?
El bienestar no consiste en estar feliz todo el tiempo ni en eliminar todas las situaciones estresantes. La vida seguirá teniendo responsabilidades, cambios, imprevistos y momentos complicados. Se trata de desarrollar hábitos que nos ayuden a cuidar nuestra salud física y mental mientras atravesamos esas etapas.
Cuidar nuestra salud implica prestar atención a nuestros hábitos y realizar acciones preventivas. Cuidar nuestras relaciones significa dedicar tiempo a las personas importantes. Cuidar nuestras emociones implica reconocer cuándo necesitamos una pausa o apoyo. Y cuidar nuestro futuro también significa pensar con anticipación en aquello que queremos proteger.
La OMS reconoce que la salud mental forma parte integral del bienestar y que contar con recursos para enfrentar los momentos de estrés es importante para nuestra vida cotidiana.
Tal vez no podamos hacer que el mundo vaya más despacio, pero podemos comenzar por algo más sencillo: dejar de vivir cada momento pensando únicamente en el siguiente.
Tomarnos el tiempo para desayunar sin prisa. Escuchar realmente una conversación. Salir a caminar sin convertirlo en otra tarea. Disfrutar una comida. Dormir lo necesario. Hacer una pausa antes de responder. Pasar tiempo con quienes queremos.
Pequeños momentos que, juntos, pueden cambiar la manera en que experimentamos nuestros días.
Porque vivir con bienestar no significa tener una vida sin pendientes. Significa construir una vida en la que también haya espacio para disfrutarla.